Mostrando las entradas con la etiqueta Español 3° año. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Español 3° año. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2020

Cleopatra
(Despistes y franquezas, 1989)

Mario Benedetti

      El hecho de ser la única mujer entre seis hermanos me había mantenido siempre en un casillero especial de la familia. Mis hermanos me tenían (todavía me tienen) afecto, pero se ponían bastante pesados cuando me hacían bromas sobre la insularidad de mi condición femenina. Entre ellos se intercambiaban chistes, de los que por lo común yo era la destinataria, pero pronto se arrepentían, especialmente cuando yo me echaba a llorar, impotente, y me acariciaban o me besaban o me decían: Pero, Mercedes, ¿nunca aprenderás a no tomarnos en serio?
      Mis hermanos tenían muchos amigos, entre ellos Dionisio y Juanjo, que eran simpáticos y me trataban con cariño, como si yo fuese una hermanita menor. Pero también estaba Renato, que me molestaba todo lo que podía, pero sin llegar nunca al arrepentimiento final de mis hermanos. Yo lo odiaba, sin ningún descuento, y tenía conciencia de que mi odio era correspondido.
      Cuando me convertí en una muchacha, mis padres me dejaban ir a fiestas y bailes, pero siempre y cuando me acompañaran mis hermanos. Ellos cumplían su misión cancerbera con liberalidad, ya que, una vez introducidos ellos y yo en el jolgorio, cada uno disfrutaba por su cuenta y sólo nos volvíamos a ver cuando venían a buscarme para la vuelta a casa.
      Sus amigos a veces venían con nosotros, y también las muchachas con las que estaban más o menos enredados. Yo también tenía mis amigos, pero en el fondo habría preferido que Dionisio, y sobre todo Juanjo, que me parecía guapísimo, me sacaran a bailar y hasta me hicieran alguna «proposición deshonesta». Sin embargo, para ellos yo seguía siendo la chiquilina de siempre, y eso a pesar de mis pechitos en alza y de mi cintura, que tal vez no era de avispa, pero sí de abeja reina. Renato concurría poco a esas reuniones, y, cuando lo hacía, ni nos mirábamos. La animadversión seguía siendo mutua.
      En el carnaval de 1958 nos disfrazamos todos con esmero, gracias a la espontánea colaboración de mamá y sobre todo de la tía Ramona, que era modista. Así mis hermanos fueron, por orden de edades: un mosquetero, un pirata, un cura párroco, un marciano y un esgrimista. Yo era Cleopatra, y por si alguien no se daba cuenta, a primera vista, de a quién representaba, llevaba una serpiente de plástico que me rodeaba el cuello. Ya sé que la historia habla de un áspid, pero a falta de áspid, la serpiente de plástico era un buen sucedáneo. Mamá estaba un poco escandalizada porque se me veía el ombligo, pero uno de mis hermanos la tranquilizó: No te preocupes, vieja, nadie se va a sentir tentado por ese ombliguito de recién nacido. A esa altura yo ya no lloraba con sus bromas, así que le di al descarado un puñetazo en pleno estómago, que lo dejó sin habla por un buen rato. Rememorando viejos diálogos, le dije: Disculpá hermanito, pero no es para tanto, ¿cuándo aprenderás a no tomar en serio mis golpes de karate?
      Nos pusimos caretas o antifaces. Yo llevaba un antifaz dorado, para no desentonar con la pechera áurea de Cleopatra. Cuando ingresamos en el baile (era un club de Malvín) hubo murmullos de asombro, y hasta aplausos. Parecíamos un desfile de modelos. Como siempre, nos separamos y yo me divertí de lo lindo. Bailé con un arlequín, un domador, un paje, un payaso y un marqués. De pronto, cuando estaba en plena rumba con un chimpancé, un cacique piel roja, de buena estampa, me arrancó de los peludos brazos del primate y ya no me dejó en toda la noche. Bailamos tangos, más rumbas, boleros, milongas, y fuimos sacudidos por el recién estrenado seísmo del rock-and-roll. Mi pareja llevaba una careta muy pintarrajeada, como correspondía a su apelativo de Cara Rayada.
      Aunque forzaba una voz de máscara que evidentemente no era la suya, desde el primer momento estuve segura de que se trataba de Juanjo (entre otros indicios, me llamaba por mi nombre) y mi corazón empezó a saltar al compás de ritmos tan variados. En ese club nunca contrataban orquestas, pero tenían un estupendo equipo sonoro que iba alternando los géneros, a fin de (así lo habían advertido) conformar a todos. Como era de esperar, cada nueva pieza era recibida con aplausos y abucheos, pero en la siguiente era todo lo contrario: abucheos y aplausos. Cuando le llegó el turno al bolero, el cacique me dijo: Esto es muy cursi, me tomó de la mano y me llevó al jardín, a esa altura ya colmado de parejas, cada una en su rincón de sombra.
      Creo que ya era hora de que nos encontráramos así, Mercedes, la verdad es que te has convertido en una mujercita. Me besó sin pedir permiso y a mí me pareció la gloria. Le devolví el beso con hambre atrasada. Me enlazó por la cintura y yo rodeé su cuello con mis brazos de Cleopatra. Recuerdo que la serpiente me molestaba, así que la arranqué de un tirón y la dejé en un cantero, con la secreta esperanza de que asustara a alguien.
      Nos besamos y nos besamos, y él murmuraba cosas lindas en mi oído. También acariciaba de vez en cuando, y yo diría que con discreción, el ombligo de Cleopatra y tuve la impresión de que no le pareció el de un recién nacido. Ambos estábamos bastante excitados cuando escuché la voz de uno de mis hermanos: había llegado la hora del regreso. Mejor te hubieras disfrazado de Cenicienta, dijo Cara Rayada con un tonito de despecho, Cleopatra no regresaba a casa tan temprano. Lo dijo recuperando su verdadera voz y al mismo tiempo se quitó la careta. Recuerdo ese momento como el más desgraciado de mi juventud. Tal vez ustedes lo hayan adivinado: no era Juanjo sino Renato. Renato, que despojado ya de su careta de fabuloso cacique, se había puesto la otra máscara, la de su rostro real, esa que yo siempre había odiado y seguí por mucho tiempo odiando. Todavía hoy, a treinta años de aquellos carnavales, siento que sobrevive en mí una casi imperceptible hebra de aquel odio. Todavía hoy, aunque sea mi marido.

miércoles, 17 de junio de 2020

Actividades con el texto "El Cuña" de José Morosoli 3°5 y 3°7

Buenas tardes, espero que estén bien los alumnos que no han concurrido a clase. Les comento que soy la profesora Silvia Rojas y no tengo el gusto de conocerlos porque estaba con licencia médica. En esta semana comenzamos a trabajar con los compañeros que asistieron el texto "El cuna" de Morosoli. Para no perder tanta clase les pido que realicen la lectura del mismo, que se los adjunto a la carpeta y que realicen la actividad que les voy a detallar a continuación para retomar en clase la próxima semana.
1. Busca en el dicionario las palabras que no comprendas del texto
2. Investiga qué son las variedades lingüísticas: dialecto, cronolecto y sociolecto (Trabajado en 2° año). Luego extrae una fragmento del texto "El cuña" para explicar las variedades. 
3. ¿Quiénes son los personajes? 
4. ¿Qué relación hay entre el titulo "El Cuña" con Rondán?
5. Explica algunas expresiones del texto según comprendas, ejemplos: "muy catangueado", "tamanguear terrones"etc. 
Las actividades a partir de la presencialidad se calificarán con nota numérica
Saludos



martes, 14 de noviembre de 2017

Actividad final 3° año

Atención 3°1 - 3°2 - 3°3

Debajo de esta publicación aparecen dos textos:

Texto 1: "EL DISFRAZ" del autor Morosoli
Texto 2: "UN DÍA DE ESTOS" del autor García Márquez

Ambos textos son para la categoría A (oral) de ahí se extrajeron enunciados para analizarlos en clase. Los mismos van a estar a disposición en la biblioteca del liceo. Se recomienda realizar la lectura previa, y buscar las palabras que no se comprendan. No se responderán preguntas sobre la comprensión lectora. 

El texto 2, será usado en todas las categorías tanto A (ya se especificó), categoría B y C.
En las categorías B y C se deberá tener el texto en clase para poder realizar el escrito u prueba según corresponda. 

Temas:
Categoría A: Oral. Se dejarán en biblioteca dos textos (para lectura previa) de los cuales se sacarán los enunciados para analizarlos oralmente en clase. El análisis va a ser similar a lo trabajado en el último escrito.

Categoría B: Escrito. Va a ser un escrito muy similar al último, con la excepción de que no podrán usar el cuaderno. Deberán analizar enunciados, reconocer verbos copulativos (ser- estar- parecer) el atributo,tipos de subordinación: sustantiva, adjetiva, adverbial, relación entre oraciones y enlaces extraoracionales.

Categoría C: Tendrán un texto con comprensión lectora (texto narrativo, argumentativo y expositivo diferencias). Va a ser un escrito muy similar al último, con la excepción de que no podrán usar el cuaderno. Deberán analizar enunciados, reconocer verbos copulativos,(ser- estar- parecer) el atributo, tipos de subordinación: sustantiva, adjetiva, adverbial, relación entre oraciones. Enlaces extraoracionales.

Textos para categorías A - B y C 3° año

Texto 1

EL DISFRAZ  - JUAN JOSÉ MOROSOLI



El flaco Matías se paró frente a la vidriera. Allí estaba la careta de calavera. Era cierto. Medina le había dicho que él mismo la había visto y que era el primer asombrado.
-Mirá, yo sé que caretas hay de todas clases. No hay cara que no tenga su careta. ¡Con decirte que he visto la careta de Siete y Tres Diez!
El flaco estuvo con ganas de no creer. Siete y Tres Diez era un rengo feísimo y de mal genio. No encontraba pareja para el truco porque al pasar la seña hacía reír al compañero y de yapa se enojaba.
-Pero de muerto, eso sí que no había visto… ¡Ni había pensado ver siquiera!
...
El Flaco no había querido disfrazarse nunca. Le parecía una estupidez. Él no estaba de acuerdo en hacer reír a los demás. Pero allí, frente a aquella careta, sintió el deseo de disfrazarse. Le había gustado quién sabe por qué. Entró y la compró. El comerciante se la vendió muy barata, eso sí, le fue franco. Le dijo que no la había tirado a la basura porque el deber de él, como comerciante, era venderla y no tirarla.
-Lo que uno compra es porque vale y el deber es hacerlo valer más.
Él lo entendía así, al menos. Sin embargo, se la dio por poco más de nada.
-Bueno –dijo el Flaco- ¿y esto qué traje lleva?
-¿Cómo qué traje?
-¡Pues! ¿O es que la muerte no tiene cuerpo?...
El asunto comenzó a conversarse.
-Mire, si quiere se pone un camisón blanco que vaya hasta el suelo. O uno negro.
Y agregó:
-Tiene que llevar guadaña, también…
Si quería, podía llevar bajo el camisón un tarro con gusanos. Él había visto, siendo niño, en España, de donde era, un hombre disfrazado de Muerte, que hacía esto.
...
En la comisaría, cuando fue a pedir el permiso, le previnieron:
-Mire que no se puede disfrazar de general, ni de cura… ¿Oyó?
-¿Y de muerte? –preguntó el Flaco.
-¿Cómo de muerte?
-Sí. Tengo una careta de calavera.
-¿Es la que estaba en la tienda de Pérez?
-¡Es esa misma!
Entonces el escribiente le dijo que esa careta no se podía usar.
-¿Por qué?
-Porque es una falta de respeto a la religión.
El Flaco le dijo que no veía que tenía que ver una cosa con la otra. Además, allí había un edicto que decía: curas y generales. De la muerte no decía “absolutamente nada”.
-Muy bien. Lo que usted va a hacer no tiene nombre. Reírse de lo más sagrado. Reírse de la muerte.

-Yo –dijo el Flaco para terminar-, no es por reírme de la muerte. Es por divertirme yo.
Le dieron el permiso.
...
-¿Pero vos te divertís con eso, Flaco?
La careta le quedaba bien. Además, según decía Medina, caminaba de una manera que hacía juego con el disfraz.
-¿Cómo, hermano?
No se podía explicar.
-Vos tenés un caminar que te viene bien pa eso… ¡Qué te viá explicar yo!... Cada uno tiene su caminar, y el tuyo hace pensar en la muerte.
...
Él caminaba como caminaba siempre. Miraba a las viejas y hacía un ademán con la mano: que lo esperaran. Luego con la guadaña hacía un movimiento de segador. Allí en la plaza, la gente se olvidaba de los gauchos, que barajaban haciendo un ruido del diablo con sus machetes de palo, de los caballos que se deshacían materialmente corcoveando bajo el azote de los taleros, y se agrupaban curioseando al Flaco que avanzaba por el centro. Dos escoberos que se descaderaban bailando entre unos cueros que les colgaban de la cintura, hirvientes de cascabeles, rodeados de curiosos, se que quedaban sin concurso. Un cristiano disfrazado de avestruz, se mataba disparando, exagerando el susto que le ocasionaba el Flaco. Algunas viejas se persignaban.
Fue entonces que un disfrazado de mujer embarazada, empezó a tirarle besos, cruzó la vereda y tomó al Flaco del brazo.
Esto medio hizo recobrar la alegría a los mirones. Los caballos volvieron a corcovear, los gauchos siguieron la lucha y los escoberos recomenzaron su torneo de zancadillas y quebraderas.
Pero la gente, o mejor dicho, los vivientes, hombres y mujeres que acuden desde la orilla del pueblo a la plaza, hasta que el Flaco no se fue, no estuvieron a gusto.
...
-Pero, decíme una cosa, cristiano: ¿vos te divertís con eso?
-Sí.
-Yo no te veo reír ni loquear…
El Flaco replicó que para divertirse no precisaba reírse ni hacer reír. A él le gustaba ver la cara que ponían las viejas, caminar despacio y hacer aquel ademán que quería decir que lo esperaran.
-Pero la gente se te aparta…
-¡Pero si eso es lo que quiere la muerte!... ¡Si eso es nativo del disfraz!
...
Pasaban los años y el Flaco seguía siendo el disfrazado de calavera. Como los caballitos y los gauchos, era una parte del carnaval del pueblo.
...
Aquel entierro de Carnaval, el Flaco se encontró con una cosa que lo dejó asombrado: en la calle diez o doce criaturas disfrazadas de muerte, hacían cabriolas frente a la risa de la gente.
Sin duda estaba mal que los niños se pusieran aquel disfraz. Y que hicieran reír.
Al volver al rancho le dijo a Medina:
-¿Sabrás que esta noche quemo el disfraz?
Sí. Ya no valía la pena. La gente comenzaba a reírse de aquella cosa tan seria.
-Yo extrañaré y el carnaval se acabará para mí. ¡Pero no nací para payaso!
...
Bajo un cielo profundo, lleno de estrellas, en el más hondo rincón del fondo, ardía aquel sudario que acompañó al Flaco durante años y años.
Él, frente a las llamas que le encendían y desfiguraban el rostro, estaba serio, grave, como si asistiera al entierro de un pariente.
El fuego, al chamuscar el hinojal, perfumaba la noche.
¡Desde lejos, como una marea, llegaba el rumor de la plaza ardiendo de gauchos, machetazos, caballos corcoveadores y chinas vestidas de colorado.

Texto 2
Un día de estos    (Gabriel García Márquez)

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escobar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.
Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de su hijo de once años lo sacó de su abstracción.
-Papá.
-Qué.
-Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-Dile que no estoy aquí.
Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-Mejor.
Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó a pulir el oro.
-Papá.
-Qué.
Aún no había cambiado de expresión.
-Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremadamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo la gaveta inferior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente:
-Siéntese.
-Buenos días -dijo el alcalde.
-Buenos -dijo el dentista.
Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial. Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal, y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los talones y abrió la boca.
Don Aurelio Escovar le movió la cara hacia la luz. Después de observar la muela dañada, ajustó la mandíbula con una cautelosa presión de los dedos.
-Tiene que ser sin anestesia -dijo.
-¿Por qué?
-Porque tiene un absceso.
El alcalde lo miró en los ojos.
-Está bien -dijo, y trató de sonreír. El dentista no le correspondió. Llevó a la mesa de trabajo la cacerola con los instrumentos hervidos y los sacó del agua con unas pinzas frías, todavía sin apresurarse. Después rodó la escupidera con la punta del zapato y fue a lavarse las manos en el aguamanil. Hizo todo sin mirar al alcalde. Pero el alcalde no lo perdió de vista.
Era una cordal inferior. El dentista abrió las piernas y apretó la muela con el gatillo caliente. El alcalde se aferró a las barras de la silla, descargó toda su fuerza en los pies y sintió un vacío helado en los riñones, pero no soltó un suspiro. El dentista sólo movió la muñeca. Sin rencor, más bien con una amarga ternura, dijo:
-Aquí nos paga veinte muertos, teniente.
El alcalde sintió un crujido de huesos en la mandíbula y sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no suspiró hasta que no sintió salir la muela. Entonces la vio a través de las lágrimas. Le pareció tan extraña a su dolor, que no pudo entender la tortura de sus cinco noches anteriores. Inclinado sobre la escupidera, sudoroso, jadeante, se desabotonó la guerrera y buscó a tientas el pañuelo en el bolsillo del pantalón. El dentista le dio un trapo limpio.
-Séquese las lágrimas -dijo.
El alcalde lo hizo. Estaba temblando. Mientras el dentista se lavaba las manos, vio el cielorraso desfondado y una telaraña polvorienta con huevos de araña e insectos muertos. El dentista regresó secándose las manos. “Acuéstese -dijo- y haga buches de agua de sal.” El alcalde se puso de pie, se despidió con un displicente saludo militar, y se dirigió a la puerta estirando las piernas, sin abotonarse la guerrera.
-Me pasa la cuenta -dijo.
-¿A usted o al municipio?
El alcalde no lo miró. Cerró la puerta, y dijo, a través de la red metálica.
-Es la misma vaina.

lunes, 7 de agosto de 2017

La descripción

 Describir es explicar, de forma detallada y ordenada, cómo son las personas, los lugares o los objetos, para el que lo lea o escuche se la imagine como si la estuviera viendo. La descripción sirve sobre todo para ambientar la acción y crear una atmósfera que haga más creíbles los hechos que se narran. Muchas veces, las descripciones contribuyen a detener la acción y preparar el escenario de los hechos que siguen.

Antes de  describir es necesario...
  • Conocer al personaje, objeto o situación medianamente.
  • Poner sobre la mesa todos los datos posibles que completen el "dibujo" del objeto o personaje descrito. Para ello utilizaremos los sentidos (vista, oído, tacto, olfato, gusto). Esta acumulación de datos puede hacerse mediante la observación directa, por la evocación, recordando el objeto descrito y las sensaciones que nos produjo, y por la imaginación.
  • De todos los datos que consigamos hay que realizar una selección, eliminando los que consideremos innecesarios.
Componer  la descripción redactándola lo más correctamente posible, indicando pausas después de cada enunciado que contenga una característica; evitar la enumeración utilizando adjetivos o imágenes comparativas, pero sin caer en rebuscamientos ni exageraciones; introducir cada elemento en el momento oportuno.

Cómo se hace una descripción

Hay que observar con mucha atención y seleccionar los detalles más importantes.
Después de seleccionar los detalles, hay que organizar los datos siguiendo un orden:
  • De lo general a lo particular o al contrario.
  • De los primeros planos al fondo o al contrario.
  • De dentro a fuera o al contrario.
  • De izquierda a derecha o al revés.
Al describir hay que situar los objetos en el espacio con precisión. Se usarán expresiones como a la derecha, junto a, al fondo, detrás de, en el centro, alrededor...

Resultado de imagen para descripciones tipos
Resultado de imagen para descripciones de objetos
Resultado de imagen para descripciones de objetos
Resultado de imagen para descripciones de objetos
Resultado de imagen para descripciones de animales
Resultado de imagen para descripciones de personas
Resultado de imagen para descripciones de personas
Resultado de imagen para descripciones de paisajes
Resultado de imagen para descripciones de paisajes
Resultado de imagen para descripcion de un lugarResultado de imagen para descripciones de un lugar histórico
Resultado de imagen para descripcion cientifica

viernes, 5 de mayo de 2017

Ficha N°2


Texto para escrito

Camboriú recibe cada año más de 20.000 turistas uruguayo
Más de 10.000 visitaron el parque Beto Carrero en poco más de un mes.

Un cambio favorable y el hábito cada vez más extendido de viajar dentro de la región, ya sea por vía terrestre o aérea, reafirman esta temporada la presencia de uruguayos en los estados brasileños de Río Grande del Sur y Santa Catarina, en donde más allá de la isla de Florianópolis hay playas paradisíacas y muy buena infraestructura para acoger a los visitantes.
A 1.315 kilómetros de Montevideo y 1.000 del Chuy, el balneario Camboriú es uno de los ocho destinos más requeridos de Brasil. Tiene 124.000 habitantes permanentes y fue visitado por unas 600.000 personas en alta temporada.
Según informaron a El País fuentes del Convention & Visitors Bureau de Camboriú, el año pasado 20.207 uruguayos eligieron el destino. Mayormente, fueron turistas de clase media que viajaron en automóvil o en ómnibus. Desde Montevideo el viaje por carretera demanda unas 16 horas y desde el Chuy 4 menos.
En tercer lugar, los uruguayos viajaron en avión, que cuesta aproximadamente US$ 360 de ida y vuelta, y es una forma cómoda y rápida de llegar, en vuelo directo hacia Florianópolis y adicionando un recorrido terrestre de una hora y media.
"El perfil del turista uruguayo depende de la época del año. Al final del año recibimos muchos estudiantes y familias y en los meses de marzo y abril el público que tenemos es de tercera edad", agregaron las fuentes del Convention & Visitors Bureau, en base a información de la oficina de turismo local y del Cristo Luz, uno de los principales atractivos y emblema de la ciudad. Este complejo tiene la segunda estatua de Jesucristo más grande de Brasil después de la de Río de Janeiro y es gerenciado, desde hace años, por el uruguayo Miguel Fajardo.
Un cambio auténtico
A diferencia de muchos destinos tradicionales, Camboriú ha hecho un notorio esfuerzo para dejar de ser una propuesta exclusivamente de sol y playa y transformarse una ciudad atractiva los 12 meses del año.
Tiene en construcción —y muy avanzado— el centro de convenciones más grande del sur de Brasil y ha hecho fuertes apuestas a la oferta recreativa y de aventura, para captar no solamente a las familias, sino también al turismo joven.
Uno de los símbolos del balneario es el Parque Unipraias. Un moderno teleférico con 47 cabinas (bondinhos) entrelaza estaciones de ascenso y descenso, trepa hasta el Morro de la Aguada y baja hasta la playa de Laranjeiras, de aguas cristalinas y tranquilas. El viaje ofrece una vista privilegiada de la ciudad y de la Mata Atlántica, que se puede recorrer en dos trenes que zigzaguean la floresta. También es posible llegar a Laranjeiras en el tradicional Barco Pirata, que durante el viaje presenta un show de aventuras al mejor estilo Jack Sparrow.
Dejando los miedos de lado, se ofrece la posibilidad de hacer una bajada vertiginosa en tirolesa (de 240 metros de altura y 750 de extensión) sobre la Mata Atlántica, donde el aventurero viaja sentado en una silla suspendida por un cable a una velocidad de 60 kilómetros por hora (foto superior).
Todos estos atractivos fueron incorporados con una fuerte inversión en los últimos años.
Para quienes opten por los paseos de tierra, la ruta Interpraias revela paisajes únicos deslumbrantes. Desde ella se puede acceder a seis playas de la costa sur, una de las cuales es Pinho, el primer espacio público nudista de Brasil.
Otros cambios notorios del balneario son los nuevos edificios de la zona céntrica, que cada vez se hacen más altos y angostos, para aprovechar mejor los escasos espacios de construcción disponibles.
Adrenalina, shows y cultura alemana
A 37 kilómetros de distancia de Camboriú se encuentra el Beto Carrero World, uno de los parques temáticos más completos del mundo, con juegos mecánicos para niños y adultos, espectáculos familiares, un zoológico inserto en la naturaleza y muchas otras atracciones.
Desde la Navidad y hasta fines de enero, más de 10.000 uruguayos visitaron el parque, lo que confirma que se trata de un adicional muy requerido por quienes viajan a ciudades como Florianópolis o Camboriú.
Se dice que el creador de esta para nada pequeña Disneylandia sudamericana, João Batista Sérgio Murad, conocido popularmente como Beto Carrero (1937-2008). Él ofreció el parque a distintas ciudades pidiendo una exoneración de impuestos por varios años, como contrapartida por el beneficio que éste traería a la actividad turística, la generación de empleos y el desarrollo urbano. Finalmente, el Beto Carrero World se instaló en la pequeñísima ciudad de Penha, en la provincia de Santa Catarina, un lugar prácticamente desconocido de Brasil hasta que el sueño de Batista, artista circense y empresario, un visionario para muchos, se materializó en 1991.
En la actualidad, el Beto Carrero World está asociado a dos estudios de Hollywood: DreamWorks y Universal. Y es famoso por sus juegos cargados de adrenalina: montañas rusas que dejan a los visitantes cabeza abajo y caídas libres desde 100 metros de altura.
No muy lejos de allí, la ciudad de Blumenau es un destino que merece visitarse para vivir el Brasil de alma alemana y disfrutar de la cultura de la cerveza. Aunque es famosa por su Oktoberfest (la segunda más importante del mundo después de la que se hace en Alemania), la ciudad tiene fiestas y eventos durante buena parte del año.
Del 8 al 11 de marzo, por ejemplo, se hará la novena edición del Festival Brasileño de la Cerveza, en la que más de 700 marcas de todo el país se reunirán para una verdadera bacanal de cervezas artesanales.

ANDRÉS LÓPEZ REILLY. 13 feb. 2017. Diario EL PAÍS.

viernes, 24 de marzo de 2017

Texto: La misteriosa carga del don Guillermo

La misteriosa carga del Don Guillermo
Playa de la Calavera, 24 de abril de 1952

Durante el siglo pasado, las historias de naufragios estaban signadas por la tragedia y la fatalidad. Formaban parte de la eterna lucha del hombre contra el mar. En nuestra época pasaron a tener motivaciones de carácter comercial, a veces hasta fraudulentas. En las costas del Polonio, sin embargo, los últimos siniestros conservan su aire pintoresco. No por el hecho en sí mismo, sino por los típicos personajes de la zona, que les dan vida y color y les devuelven su aire folclórico.

—Hoy hablaremos del Don Guillermo, el barco más famoso del Polonio —dijo el farero después de terminar la cena. El lenguado a la vasca había predispuesto los ánimos para la velada—. No hay visitante que no nos pregunte por él.
 —Lástima que no haya venido el Bonito —se lamentó el  Valiza—. Nadie lo conoce tan bien. —El Bonito es tío mío —acotó el farero—, un tipo increíble. ¡Pensar que nunca le pagaron por la vigilancia…! Los primeros meses le arrimaron algún peso, pero luego lo tuvieron a cuentos. Es un viejo terco. —Se aquerenció con el barco y lo cuidó como si fuera suyo —intervino don Ubaldo, amigo y compañero de pesca del Bonito—. Los primeros años dormía en un camarote, pero después se construyó un rancho sobre la playa.
—En aquel lugar solitario se sentía en sus dominios —acotó el Alemán—. Me gustaba charlar con él. Y cada vez que venía algún amigo de Europa, lo llevaba hasta allá. Entonces el viejo se emocionaba y repetía la historia del naufragio una y otra vez.
 —Nunca vi que le faltara el mate ni una copa de caña —apuntó don Ubaldo—. Los turistas siempre le dejaban alguna botella.
—Se tomaba en serio la vigilancia —comentó el farero—. Una vez corrió a balazos a un hombre que estaba desguazando la chatarra. Y pensar que lo único que servía eran unas láminas de bronce, pero al final ni eso quedaba.
 — ¿Cuántos años estuvo de guardia? —preguntó J. Santos.
 —Y yo diría que más de treinta —respondió el farero—. Como que desde el principio hasta el 85 u 86, cuando se fue para Castillos. Ahora está muy enfermo, el pobre.
—Con el ranchito de la playa pasó algo increíble, como si fuera un refugio de montaña —comentó el Alemán—. Cuando el hombre se fue para Castillos dejó la puerta abierta para quienquiera que llegara. Solo había que abrir el pestillo para encontrarse con la cama tendida y algo para comer. Alguien, no se sabe quién, escribió unas líneas contra la pared, invitando al visitante a servirse y, a su vez, a dejar alguna cosa para el siguiente huésped. Eso duró hasta que el rancho, ya medio destartalado, fue volteado por el viento. —Son las cosas de Polonio… —concordó el farero—. A ver, profesor, leamos algo del Don Guillermo.
 — ¿Saben que me costó trabajo encontrar su historia? La fecha que figura en las listas está equivocada
 —comentó J. Santos—. ¿Y saben que no era un carguero común sino una barcaza de desembarco de la marina norteamericana? Después de la segunda guerra y ya con bandera panameña fue adquirido por una empresa argentina para transportar mercaderías.
 J. Santos tomó sus apuntes y separó varias hojas de periódicos.
—Veamos las peripecias que pasaron los tripulantes antes de encallar:

    El barco varado es el carguero Don Guillermo […] Pertenecía a la Compañía Rioplatense de Navegación y llevaba una tripulación de 17 hombres al mando del Capitán Alejandro Skeletti. Dicho barco había salido de Buenos Aires con destino a Porto Alegre llevando a remolque la chata Josefina María, de igual bandera, con cinco tripulantes.
El Don Guillermo, con la embarcación que remolcaba, fue sorprendido frente a las costas del departamento de Rocha por el temporal que azotó esa zona el miércoles pasado.

PIERDEN LA CHATA Durante ese temporal el barco se vio en dificultades y en esas circunstancias se rompió el cabo del remolque, quedando la chata Josefina María a la deriva. Luchando en un mar embravecido y con un viento fortísimo, donde la visibilidad era casi nula, fracasaron todas las tentativas realizadas para establecer contacto con la chata y los tripulantes de esta. Imposible fue arrojarle un nuevo cabo.

BÚSQUEDA INFRUCTUOSA Cuando amainó el temporal en la mañana de ayer el Don Guillermo inició la búsqueda de la chata. Se la buscó infructuosamente, pero cuando en eso se estaba volvió a arreciar el mal tiempo y el Capitán Skeletti se vio obligado a buscar con su barco, que peligraba zozobrar, el abrigo del cabo Polonio.

VARA EN LA PLAYA DE LA CALAVERA En las primeras horas de la noche volvió a ponerse bravo el mar y en esas circunstancias el Don Guillermo perdió el ancla. La situación se complicó de inmediato al descomponerse el motor del barco, por lo que este quedó a la deriva. Navegó un tiempo así a merced de las enormes olas que lo tuvieron en constante peligro de irse a pique […] Esa odisea finalizó en su parte más grave para la vida de los hombres que estaban a bordo cuando el Don Guillermo, llevado por la marea, fue a varar anoche en la playa de la Calavera, situada a tres kilómetros al este del cabo Polonio[i].
[...]
—Para mí que no deben haber querido sacarlo —aventuró el alemán—. Un amigo argentino, que viene todos los años a Aguas Dulces, me dijo que el barco transportaba armas. Y que no iba para Brasil, como se dijo, sino que aguardaba la oportunidad para desembarcar en la Argentina. Las armas eran para una revolución o algo así.
 —Ahora que usted lo dice —recordó el Zorro—, a todos nos picaba la curiosidad que una de las bodegas estuviera siempre cerrada. Y sobre todo cuando lo dueños empezaron a venir de noche, haciéndonos salir a todos. El Toto y yo espiábamos desde los médanos, viendo cómo se encendían extrañas luces azules…
 —Eso explicaría por qué nunca lo reflotaron. ¿Cómo justificar lo de las armas después de aquellos rumores? —comentó jocosamente J. Santos.
 El aire estaba rancio por el humo del tabaco. El Valiza se levantó para preparar café. Había comenzado a clarear en el horizonte. Desde la pequeña ventana oval se dibujaba la ensenada del Polonio y el contorno de la playa de la Calavera. [...]
Juan Antonio Varese:
De naufragios y leyendas en las costas de Rocha.
      (fragmento)




[i] El Plata, 25 de abril de 1952.

martes, 8 de noviembre de 2016

Actividades con oraciones impersonales

Actividad 1: Analiza y clasifica las siguientes oraciones impersonales según sea el tipo

a) Ayer granizó en el pueblo de nuestras primas.
b) No había ninguna explicación creíble.
c) Hace muchísimo frío en la calle.
d) Es demasiado pronto.
e) En este hotel se trata muy bien a los clientes.
f) Se vive bien en Turquía.


Actividad 2: Analiza y determina cuál de estas oraciones es personal e impersonal 

a) En las ciudades hace demasiado calor en agosto.
b) En la biblioteca se lee cómodamente.
c) ¿ No traes ninguna caja?
d) Hace tiempo que no te veo.
f) Ya es lunes.
g) Hubo mucha gente en el concierto de ayer.
h) Se tienen que callar todos.
i) Hay cinco flores rojas.

Oraciones impersonales


Resultado de imagen para oraciones impersonales

ORACIONES IMPERSONALES
Algunas oraciones no tienen sujeto de ningún tipo (ni explícito, ni implícito.) Se trata de oraciones impersonales. Estas oraciones pueden ser de diferentes tipos.

1– IMPERSONALES: FENÓMENOS METEOROLÓGICOS

Recuerda que solo hay oraciones impersonales si no hay sujeto por ninguna parte. Son impersonales algunas oraciones con verbos que expresan un fenómeno meteorológico. Te proponemos dos ejemplos para que observes las diferencias con oraciones que sí tienen sujeto. 
Fíjate en estos ejemplos:

 En verano amanece sobre las seis.
 Los domingos amanece a las 12 de la mañana, porque está muy cansado.

La primera oración es impersonal. La segunda oración tiene un sujeto omitido (él) y no expresa ningún fenómeno meteorológico. El verbo “amanecer” tiene un sentido figurado, significa “despertarse”.

 Ha llovido mucho últimamente.
 Las lluvias torrenciales han producido grandes inundaciones.

La primera oración no tiene sujeto. La segunda oración sí tiene un sujeto (las lluvias torrenciales) y el verbo de la frase es “han producido”, verbo que no expresa ningún fenómeno meteorológico. Por lo tanto, ninguna de estas oraciones es una oración impersonal.

2- ORACIONES IMPERSONALES CON “SE”

No todas las oraciones con pronombre se (que es un pronombre muy frecuente en español) son impersonales. Para poder reconocer el sujeto, si lo hay, en estas oraciones debes aplicar el criterio de la concordancia.
 Observa estos ejemplos:

 Él se afeita por las mañanas (sujeto: él) / Ellos se afeitan
 Se estudió la lección de cabo a rabo (sujeto: él o ella) / Ellos se estudiaron la lección.
 Los alumnos se reunieron en el aula (sujeto: los alumnos) / El alumno se reunió con sus amigos.
 Los perfumes se extraen de las plantas (sujeto: los perfumes) / El perfume se extrae.
Como puedes observar todas estas oraciones llevan el pro-nombre se, pero no son impersonales, ya que sí tienen sujeto.

Las oraciones son impersonales con se en los siguientes casos:
 Se construyen con verbos copulativos: Se está bien aquí.
 Se construyen con verbos intransitivos: Se va bien en metro
 Se construyen con verbos transitivos cuyo complemento directo va introducido por “a”: Se aplaudió a los jugado-res.

Observa que no podemos establecer concordancia con ningún sujeto.

3– CON SER, HABER Y HACER (3ª PERSONA SINGULAR)

Recuerda que no son impersonales todas las oraciones que llevan los verbos ser, hacer y haber en 3º persona del singular. Debes aplicar el criterio que te he hemos enseñado, para reconocerlas. Observa las siguientes oraciones:

 Antonio es un alumno aventajado: Observa que esta frase tiene sujeto, a pesar de que el verbo ser aparece en 3º persona. Por lo tanto no es impersonal.
 ¡Hace unos muebles preciosos! Esta frase también tiene un sujeto, omitido en esta caso. Tampoco se trata de una frase impersonal.
 ¡Qué calor hace!: Se trata de una frase impersonal, ya que no tiene sujeto.

El verbo haber, en español, se utiliza para formar los tiempos compuestos (yo haya cantado, él ha comido …) Sin embargo, existe una forma del verbo haber, muy usual. Se trata de la forma hay (o bien, había, hubo, habrá). Las frases en las que aparece son impersonales. Observa los siguientes ejemplos y comprueba que ninguna de estas frases tiene sujeto:

 Hay fiesta en mi pueblo.
 No habrá compasión con los delincuentes.
 ¿No había un cine por aquí?
 No ha habido ninguna tormenta este verano.

 Había mucho polvo en la habitación.

martes, 25 de octubre de 2016

Diferencias entre discurso directo e indirecto

Diferencias entre discurso directo e indirecto

Discurso directo
El narrador le cede la voz al personaje, para que
éste hable directamente.
●Se usa raya de diálogo para m...Discurso indirecto
El narrador cuenta con
su propia voz lo que dijo
un personaje.
La única voz que hay es
la del narrador....
Ejemplos de discurso directo
● - Yo una vez – dijo el viejo, recorriendo a todos
con la mirada – crié una tararira guacha....Ejemplos de discurso indirecto
● El viejo dijo, recorriendo a todos con la mirada,
que una vez había criado una tararira g...
Anoche soñé que me ganaba
el 5 de oro, así que fui
y jugué.
¡Seguro me lo gano!
¿Y qué vas a hacer
con el premio?
 Me dijo la vecina que le contó la prima
que había soñado que se ganaba el
5 de oro, entonces fue y le jugó. ¡Le
aseguró qu...


Actividad: 
1.                 1.  Lee con atención la información detallada sobre discurso directo e indirecto.
                    2. Lee el siguiente texto: "La pura verdad" de Roberto Fontanarrosa.
                Bajó la cabeza y se tomó la frente con la mano derecha.
                - Eso es lo que está buscando este mocoso- dijo, como para sí, pero en voz alta-. Que me dé un ataque al corazón y me muera    
                Ricardo había vuelto lenta y silenciosamente a asomarse a la puerta de la cocina. Había recogido, incluso su camisa del sueldo.
                - Ahí vas a estar contento, ahí vas a estaré contento, prosiguió Clara, advirtiendo su reaparición-. Ahí sí. Ahí ya no vas a  tener a la pobre vieja imbécil controlándote, ahí vas a estar feliz. Eso es lo que querés. Eso.
                  3. ¿Qué tipo de discurso predomina en el texto?
                  4. transforma los discursos subrayados en el texto; si están en discurso directo cámbialo a indirecto o  viceversa.
                  5. Debes tener en cuenta que los verbos conjugados y los pronombres también cambian.
                  Ejemplo: “Eso es lo que está buscando este mocoso- dijo, como para sí, pero en voz alta”. (Discurso  directo)
                 Le dijo- como para sí, pero en voz alta- que era eso lo que estaba buscando ese mocoso. (Discurso  indirecto)
                 Otro ejemplo: Había recogido, incluso, su camisa del suelo.” (Discurso indirecto)
                                           Recogí, incluso, mi camisa del suelo.  (Discurso directo)

miércoles, 12 de octubre de 2016

Texto para escrito 17/10/2016

Escrito de Idioma Español  3° año

El ramo azul  (fragmento) Octavio Paz

Desperté, cubierto de sudor. Del piso de ladrillos rojos, recién regados, subía un vapor caliente. Una mariposa de alas grisáceas revoloteaba encandilada alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el cuarto, cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a tomar el fresco. Me acerqué al ventanillo y aspiré el aire del campo. Se oía la respiración de la noche, enorme, femenina. Regresé al centro de la habitación, vacié el agua de la jarra en la palangana de peltre y humedecí la toalla. Me froté el torso y las piernas con el trapo empapado, me sequé un poco y, tras de cerciorarme que ningún bicho estaba escondido entre los pliegues de mi ropa, me vestí y calcé. Bajé saltando la escalera pintada de verde. En la puerta del mesón tropecé con el dueño, sujeto tuerto y reticente. Sentado en una sillita de tule, fumaba con el ojo entrecerrado. Con voz ronca me preguntó:
-¿Dónde va señor?
-A dar una vuelta. Hace mucho calor.
-Hum, todo está ya cerrado. Y no hay alumbrado aquí. Más le valiera quedarse.
Alcé los hombros, musité “ahora vuelvo” y me metí en lo oscuro. Al principio no veía nada. Caminé a tientas por la calle empedrada. Encendí un cigarrillo. De pronto salió la luna de una nube negra, iluminando un muro blanco, desmoronado a trechos. Me detuve, ciego ante tanta blancura. Sopló un poco de viento. Respiré el aire de los tamarindos. Vibraba la noche, llena de hojas e insectos. Los grillos vivaqueaban entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían establecido campamento las estrellas. Pensé que el universo era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres inmensos. Mis actos, el serrucho del grillo, el parpadeo de la estrella, no eran sino pausas y sílabas, frases dispersas de aquel diálogo. ¿Cuál sería esa palabra de la cual yo era una sílaba? ¿Quién dice esa palabra y a quién se la dice? Tiré el cigarrillo sobre la banqueta. Al caer, describió una curva luminosa, arrojando breves chispas, como un cometa minúsculo.
Caminé largo rato, despacio. Me sentía libre, seguro entre los labios que en ese momento me pronunciaban con tanta felicidad. La noche era un jardín de ojos. Al cruzar la calle, sentí que alguien se desprendía de una puerta. Me volví, pero no acerté a distinguir nada. Apreté el paso. Unos instantes percibí unos huaraches sobre las piedras calientes. No quise volverme, aunque sentía que la sombra se acercaba cada vez más. Intenté correr. No pude. Me detuve en seco, bruscamente. Antes de que pudiese defenderme, sentí la punta de un cuchillo en mi espalda y una voz dulce:
-No se mueva, señor, o se lo entierro.
Sin volver la cara pregunte:
-¿Qué quieres?
-Sus ojos, señor –contestó la voz suave, casi apenada.
-¿Mis ojos? ¿Para qué te servirán mis ojos? Mira, aquí tengo un poco de dinero. No es mucho, pero es algo. Te daré todo lo que tengo, si me dejas. No vayas a matarme.
-No tenga miedo, señor. No lo mataré. Nada más voy a sacarle los ojos.
-Pero, ¿para qué quieres mis ojos?
-Es un capricho de mi novia. Quiere un ramito de ojos azules y por aquí hay pocos que los tengan.
Mis ojos no te sirven. No son azules, sino amarillos.
-Ay, señor no quiera engañarme. Bien sé que los tiene azules.
-No se le sacan a un cristiano los ojos así. Te daré otra cosa.
-No se haga el remilgoso, me dijo con dureza. Dé la vuelta.
Me volví. Era pequeño y frágil. El sombrero de palma le cubría medio rostro. Sostenía con el brazo derecho un machete de campo, que brillaba con la luz de la luna.
-Alúmbrese la cara.
Encendí y me acerqué la llama al rostro. El resplandor me hizo entrecerrar los ojos. El apartó mis párpados con mano firme. No podía ver bien. Se alzó sobre las puntas de los pies y me contempló intensamente.

Buscar en el diccionario las palabras que no comprendas para no perder tiempo el día del escrito

Escrito final